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La hija de unos buenos amigos, llamémosla Maya, una personita a la que he visto añadir centímetros a su estatura año a año, y kilos de brillo a sus ojos ante la vida empezó hace poco el grado de filosofía en la Universidad.

Siento por ella un gran amor, que se ha ganado siendo simplemente ella. También mucho respeto, porque aunque solo tiene 18 tiernos años, la he visto superar con éxito y con mucha sensatez cada una de las piedras que le ha puesto la vida en el camino.

Ha empezado la universidad con tanta ilusión, que solo verla te contagia. Vino en su primera semana muy emocionada, y nos contó lo que le había dicho uno de los profesores. Les dijo que la filosofía era maravillosa, que todo lo que iban a estudiar, esos 4 años apasionantes “les iban a llevar un corazón muy grande, una mente muy abierta, pero no les iba a llenar el estómago”.

No sé cuántos alumnos había en la clase, yo no estaba allí, pero si todos salieron como salió de allí Maya entonces después de que acaben los estudios, ninguno de ellos intentará nada más que la docencia en su carrera profesional, y vivirán todos ellos con los corazones enormes pero sin soñar más allá que eso. Porque no se los demás, pero Maya se lo creyó.

Chica empezando la Universidad

Y yo me niego a que se lo crea, a que se crea esta sentencia “de estómagos vacíos” porque yo sé, porque lo he probado, que uno puede ganarse la vida con lo que le dé la gana.

Solo tiene que crear un buen producto, y encontrar quien se lo compre. A poder ser un producto que sea como es él o ella como persona, que case con su esencia, con forma de ser, con sus valores, con su forma de ver la vida. Entonces el éxito es aún mayor.

Vale, lo sé, eso no es fácil, pero tampoco difícil. Es como todo, hay que decidir qué queremos, y probar caminos una y otra vez hasta que encontremos el camino que nos lleva a ese lugar. Habrá que ajustar el recorrido, variar el producto, buscar otras formas de encontrar clientes, habrá que pagar el precio de trabajar muchas horas, tanto en filosofía como en cualquier otra cosa.

Pero si uno persiste al final termina encontrando su “Eureka”.

Yo me he dado una vuelta por internet, 10 minutos, no más, para buscar filósofos contemporáneos que llenen sus estómagos. Empezando por Lou Marinoff, filósofo y escritor del bestseller “Más platón y menos prozac”, con no sé cuántos miles de ejemplares vendidos en todo el mundo. Yo he leído ese libro, y también te conozco Maya, desde muy pequeñita, por eso, sé que dentro de ti hay libros espectaculares, que pueden llegar incluso más alto que el del señor Marinoff.

Sigo dando una vuelta por google, y me encuentro con equanima.org, y su CEO María Ángeles Quesada, que aplica la filosofía a los problemas actuales de la empresa. Felicidades María Ángeles por no dejar que nadie te diga que no puedes llenar tu estómago con la filosofía. Recomiendo pasar por su web, llena de recursos para todos, y en especial para filósofos que trabajan de filósofos.

Sigo, Mónica Cavallé, aplica la filosofía a la vida cotidiana y también autora de varios libros. O curasui, un poco más de lo mismo. No sigo.

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Querido profesor de filosofía, he tardado 20 minutos, no más, en escribir este post, y buscar a estas personas que llenan sus estómagos con la filosofía. Y antes de eso, jamás me había preguntado a mí misma cómo se ganaban la vida los filósofos.

Por eso, por favor, le ruego, que antes de meter creencias limitantes en las lindas cabecitas de la gente a la que yo quiero, también se dé una vuelta por internet. Y entonces, en vez de decirles que no podrán llenar sus estómagos, dígales que hay gente que sí está llenando sus estómagos con la filosofía. Deles nombres, personas, empresas, modelos a seguir y no se pare aquí, invíteles a soñar con lo que ni siquiera les ha mostrado. Entonces, no solo sería capaz de hacer crecer sus corazones, sino también sus sueños, y si eso no es filosofía, dígame usted qué es.

Por eso, pequeña Maya, apoyo a tu profesor, vas a tener un corazón muy grande, más grande aún si cabe del que ya tienes, una mente abierta, más aún si cabe de lo que tus padres te han acompañado a que tengas, pero si tú quieres, si tú trabajas, si tú creas sueños lo suficientemente grandes, tan grandes como tu corazón, yo te prometo que también vas a poder llenar tu estómago. Y de lo que quieras.

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